Portafolio docente de José Ángel Ruiz Huerga -

Mi experiencia formativa

Desgraciadamente en lo referente a mi experiencia formativa, desde los inicios en la Enseñanza General Básica pasando por el Bachillerato Unificado Polivalente (enseñanzas reguladas por la Ley 14/1970, de 4 de agosto, General de Educación y Financiamiento de la Reforma Educativa) hasta probar estudios universitarios en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica y de Montes de Córdoba, no puedo concluir que haya supuesto en mi vida una experiencia positiva.

La vida escolar era muy disciplinada respecto al tiempo en el centro educativo, a sus actividades, al control de asistencia, a la puntualidad, a las clases y al juego; todo ello estaba regido por el ritmo diario de horarios y timbres. El aprendizaje se reducía a la absorción y memorización de conocimientos existentes fuera de la conciencia humana que permitían sortear un examen tras otro. El trabajo escolar en las aulas consistía en razonar, escribir, calcular, copiar, transcribir, dibujar, colorear, expresarse, leer… todo ello bajo la atenta mirada del maestro y, a veces, de los otros alumnos, siempre observado permanentemente. Un trabajo cuya principal razón de ser, en principio, consistía en favorecer o consolidar los aprendizajes, pero que en la práctica tenía también la función de ocupar y disciplinar al alumnado. Las tareas escolares eran impuestas por el maestro, y su carácter repetitivo, estereotipado y fragmentado no contribuía a acrecentar el interés por la actividad y el aprendizaje, más bien desaparecía. Ser un buen alumno consistía en realizar puntualmente el trabajo individual diario, comprometerse con las actividades propuestas o impuestas y respetar las reglas.

El paso a Bachillerato estuvo marcado por la ansiedad y el desconcierto ante un mundo desconocido, la “jungla del instituto”, y la lucha por comprender y adaptarse a la diversidad de profesores, a las tareas para casa y a las enseñanzas del instituto, todo ello influenciado por la interacción social desarrollada sin un conocimiento básico de cómo se conectan las reglas, los roles, el poder y la autoridad. No resultaba fácil establecer unos buenos hábitos de trabajo ni sostener un compromiso con el aprendizaje. Tampoco tuve ningún apoyo que ayudara a construir una opinión positiva de mí mismo como aprendiz, sentía que no merecía la pena aprender y simplemente desconecté de los estudios. Intentaba sobrevivir, aprobar los exámenes, pasar desapercibido.

Estoy convencido de que las ideas negativas sobre el aprendizaje, adquiridas durante la etapa de la escolaridad, han tenido repercusiones en mi vida posterior como adulto. Para muchas personas las oportunidades de la vida quedan determinadas o se construyen en los primeros años. Los canales de desarrollo de su potencial educativo, que se realiza en la educación secundaria, ya están formulados antes de llegar a ella. El grupo de edad de 7-8 años es crucial para el desarrollo de estas actitudes, habilidades y relaciones que intervienen en la construcción del éxito educativo. Asimismo, la primera adolescencia es un periodo en el que la autonomía, la autodeterminación y la interacción social son muy importantes para los jóvenes.

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